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Figura zoomorfa en oro de la cultura Zenú
Secretaría de Cultura de Córdoba - Colombia - Sur América

 
 
Soad Louis Lakah

Por Gustavo Tatis Guerra
El Universal
Mayo 29/94

Tiene enterrado su ombligo en las tierras de aluvión de Ciénaga de Oro.

Allí transcurre su novela.

Ve pasar la niña con una muñeca saltando en los charcos de luz del sol en la terraza.

Ve a la abuela desmigajando una torta de casabe en el fondo de un pocillo de café con leche. La casa huele a limón y a yerbabuena. En la trastienda, ve las manos del padre que desenvuelve el ovillo de un hilo blanco, corta yardas de tela otomana.

El primer desafío de esta mujer sensible y tenaz fue atreverse a escribir en un departamento sin tradición de mujeres escritoras, en donde la vida jugaba su carta de condena, su carta de prejuicio y sospecha en torno de su existencia.

Es algo extraño que una mujer escogiera esa puerta difícil, y no sucumbiera a la seducción de ver pasar la vida detrás de una cocina, que siguiera escribiendo sin dejar de ser ama de casa, sin perder la virtud de soñar, en medio de la doble moral, la mojigatería parroquial, el juego de cartas y el salón de té, y la inspección despiadada a la intimidad del que tiene por destino el oficio de la palabra.

¿Cuándo empezó a contar?

- Yo nací en un pueblo- Ciénaga de Oro- donde todo el mundo cuenta. Lo digo en la novela: Todos sus habitantes, antes de aprender a leer o rezar, aprenden a inventar y a contar historias. La afición por lo fantástico se lleva en la sangre. Y sin darse cuenta cayeron en la trampa invisible que ellos mismos habían tejido.

¿Sus juegos preferidos de Infancia?

- Escuchar cuentos de velorio. cuentos de brujas. Jugar a las muñecas, jugar al toro, a la lleva. Como todas las niñas de Ciénaga de Oro. de ese entonces.

¿Cómo nació esta novela de "La Lío y otras mujeres"?

- Hace cuatro años venía trabajándola. Era un personaje de mi infancia. Era una sanadora de ciegos y de almas. Una mujer que echaba la suerte, una bruja, una mujer que conocía el oficio de adelantarse a lo que iba a ocurrir. Siempre me llamó la atención que existiera alguien que trabajara sobre el destino, que pudiera adivinar el porvenir, como la existencia dependiera de las líneas de una mano o de las sombras misteriosas en el asiento del café.

"La Lío era una mujer veterana en los recuerdos y comenzaba a ser una aprendiz de la soledad, pero llegó a este pueblo donde todos vivimos atados a la nostalgia. Ahora su nombre es destino".

¿Qué libros la hicieron feliz en la infancia?

- Una de las lecturas inevitables fueron las Mil y una Noches, entre diversas lecturas, clásicas y cursis: novelitas de amor, en medio de un libro de una belleza portentosa e infinita como El Quijote. En la casa había de todo: Y en medio de la necesidad voraz de leer, nació la necesidad de contar y escribir. Uno de mis preferidos es Borges y Rulfo, por la capacidad que tienen de hacer transparente lo complejo y cósmico. Llegar a una sencillez profunda, llegar a tocar el misterio que tienen las palabras, es uno de los desafíos de la creación.

- Hay en su novela un homenaje a su pueblo natal, Ciénaga de Oro, la tierra encantada donde uno de los últimos juglares - Pablito Flórez -no se recupera del tatuaje de amor de una aventurera.

-Es también un homenaje a mis padres: a Edmond Louis y a Lila Lakah. Hay un homenaje a la palabra hablada y a ciertos mitos que empecé a rescatar en otro libro: "Los caprichos de Dios". Lo que yo siempre había querido con mis hijas Antonella y Luisa Fernanda eran motivarlas a leer. Entonces les refería historias que luego reuní en ese libro. Mitologías sinuanas.

"Mi padre no nació en este pueblo, sino en Damasco. Fue un aventurero entre cuatro hermanos, que anduvo dando volteretas por el mundo. Después de vivir un tiempo en el Brasil, vivió en Cartagena y después se vino en lancha a este pueblo y se casó". "Se hizo cargo de la agencia de correos, tocaba el violín y le encantaba guardar en sus bolsillos el humo de su pipa. Aunque nunca aprendió a hablar bien el español, era el encargado de distribuir las novelitas de Corín Tellado, la enciclopedia británica y la cartilla de leer para los muchachos de la escuela".

La escena del padre que guarda las cartas de todo el pueblo en un saco y no las devuelve, es un personaje para otra novela. Cada carta sin abrir, es lo que todos estamos pensando: un amor imposible.

No puedo olvidar su sentencia: "La memoria es más frágil que los sueños".

 
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