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Figura zoomorfa en oro de la cultura Zenú
Secretaría de Cultura de Córdoba - Colombia - Sur América

 
 
David Sánchez Juliao


¡Vel-lo carajo, un Cabrales caminando!
[Publicado en El Espectador de Santafe de Bogotá - Colombia]

Hace unos días, si bien ustedes recuerdan, escribí para este diario sobre los Cabrales; y me atreví a transitar en la nota por el territorio tabú de que, quien llevaba ese apellido era un perezoso irredento. Pues bien, las reacciones a mi inocente afirmación han sido múltiples: en Montería, Barranquilla, Ocaña, Mompóx, Bogotá... se armó el revuelo, como dicen en mi tierra.

A los dos días de aparecido el escrito, Toño Cabrales me dejó caer un telegrama con este texto: "Extraordinaria tu crónica sobre los Cabrales pero yo no hubiera dicho flojos sino más bien cómodos Punto tu sabes que el trabajo es para los burros y nosotros no lo somos Punto Como el más modesto de ellos me siento orgulloso de pertenecer a esa raza Punto abrazos, Toño Cabrales".

Si ustedes leen con cuidado el texto, verán que no queda claro a cuál raza se refiere Toño Cabrales, ¿a la de los burros? ¡Imposible! En eso si saco yo la cara por la cabralera: podrán ser flojos, ¡pero son unas lumbreras!.

Luego, me llamó desde Bogotá mi amigo Orlando El Pompi Cabrales, ex presidente de Avianca, para decirme que Hernán Martínez, presidente de Intercor, le había enviado una copia xerográfica de mi escrito, con una nota adherida: "Pompi: ¿aplicas o no aplicas?". Este Cabrales, "muy cómodamente enchanfainado en la vida" (en el caso de Avianca, ¡por las nubes!) parece no aplicar, pues aunque prefiere el puesto de la mitad en los jeeps, es buen camellador.

Después, me llamaron desde Montería unos Cabrales para recordarme la existencia de Nohora Juliao de Sánchez - mi progenitora -, y otros, para contar historias cabraleras, aún inéditas como ésta... que me permito transcribir, y que refuerzan la validez de mi tesis sobre la ¡comodidad! (Secundum Toñus) de los Cabrales: dos puntos:

Mi tío Rudecindo Sánchez casó, hace muchos años en Montería, con una Kerguelén - pariente del famoso Boca´e Cacho - y de ese matrimonio nació El Chindo Sánchez Kerguelén, quien casó con Maruja Sánchez Cabrales. Bueno: cumplió doña Alicia Cabrales de Sánchez - suegra del Chindo -, ochenta años. Y El Chindo decidió festejarle la suegra el onomástico en su finca Las 7 Puertas: finca que se llama así en virtud de que tiene siete puertas que comunican los siete hermosos potreros que la componen: sembrados de King-grass y yerba de Guinea, y repletos de ganado fino. (Véase algo: cómo el sancherío está revuelto con la cabralera; y de ahí viene, según El Bola Gómez, la flojera del escritor).

Un día antes de la fiesta para su suegra, llegó El Chindo a la finca, y dijo a los capataces: "Oigan: mañana me dejan abiertas de par en par las sietes puertas de los potreros". Los capataces reaccionaron en defensa de los intereses del patrón: "Pero, don Chindo: se nos va a revolver el ganado; fíjese que la paja número dos está llena de vacas al parir, y la número tres...". El Chindo no los dejó terminar: " ¡Carajo! - exclamó colérico -: hagan lo que yo digo, ¡y que se revuelva el ganado, me importa un pito! - y allí los empleados se enteraron de las razones -: ¿no ven que todos los invitados que vienen son Cabrales, y ninguno se va a bajar a abrir una puerta? ¡Se devuelven!".

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Por otro lado, hace unos días, subía mi automovil por la carrera 53 de Barranquilla. ¿Y qué veo? A un Cabrales caminando a pleno sol de doce del día por la calle. Epa: era el odontólogo Fausto Cabrales, quien tenía los dos carros en el taller.

Reduje la velocidad del vehículo, y le grité: "¡Vel-lo, carajo: un Cabrales caminando!" Fausto soltó una carcajada y me dio un abrazo luego de que abandoné el carro. ¡Mira que llevo aquí!, dijo, y me mostró la copia del telegrama que me había enviado, en el que no hablaba de burros y de razas como Toño. Fausto Cabrales es, también, odontólogo del Seguro Social, Instituto en el cual circularon cien copias xerográficas clandestinas de mi escrito sobre los Cabrales, que sus compañeros mandaron a sacar para ¡fregarle la vida!.

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Yo pienso que eso de la flojera o la ¡comodidad! (Secundum Toñum) es algo relativo: en los Cabrales, los Sánchez o los Juliaos, o los que uno quiera, los Sánchez, por ejemplo, somos sagitarios imaginativos, pero también flojos: dos especialmente: Julito, mi primo, y yo. Pero Julito me gana. Julito no es escritor, sino tendero. Tiene una tienda en la Calle de los Pergaminos en Lorica, que se llama La Mata - porque tuvo una novia inolvidable, de apellido Matallana, a quien llamaba La Mata ´e la flojera.

El caso de Julito es único, y queda clara una cosa: es Sánchez, y no está ni pringado de Cabrales. Julito Sánchez se acuesta detrás del mostrador en una cama de lona, de viento o de tijera, como se llaman estas camas, a leer novelas de Marcial Lafuente Estefanía. Y, especialmente cuando el novelista del Oeste está narrando el episodio de un duelo en la calle polvorienta del poblado, frente al Saloom o la oficina del Sheriff, y llega un pelado de Lorica a decir, ¡Don Julito, mi mamá que me despache media libra de arroz!... Julito se sienta en la cama de viento, y grita: ¡carajo, ¿Y es que ésta es la única tienda que hay en Lorica? ¡Vayan a comprarla a otra parte... que no dejan ni leé!!. Bueno: hay que reconocer que Julito es intelectual, al fin y al cabo, pero eso sí, es Sánchez... ¡pero flojo, que parece Cabrales!.

Para finalizar, y prometiendo que no volveré a nombrar a un Cabrales en mi vida, quiero ganarle una apuesta a Rodolfo Cabrales, - quien en última instancia ha dado nacimiento a todo este lío -.

Rodolfo sostiene que yo soy un escribidor cobarde, y que no me atrevería a publicar en las páginas de este periódico la frase, el slogan, el lema que la sabiduría popular sabanero-sinuana ha acuñado a propósito de la prestancia, la alcurnia, la hidalguía, el señorío y el predominio cabraleros en el Sinú: y que, según algún amigo, aparece como lema del escudo de armas de esa familia al lado de un toro y una hamaca. Y que dice: ¡Cabrales: hasta la mierda les vale!.

Te gané, Rodolfo: y me debes la diez botellas de ron.

 
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