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Figura zoomorfa en oro de la cultura Zenú
Secretaría de Cultura de Córdoba - Colombia - Sur América

 
 

Cultura del Porro
Grafisinú

Montería, 1997

[Extractos del Libro]

La Corraleja que Yo Conocí

La corraleja primitiva era construida comunitariamente. Los vecinos aportaban la mano de obra a través de una "Junta de fiestas", y los ganaderos y finqueros, los días de toro y la madera. Para contratar la banda se acudía a cuotas entre los comerciantes y familias acomodadas; para los gastos adicionales se disponía de los arriendos del terraje para cantinas, fondas o puestos de comida, cacharros y juegos de azar.

En el trayecto de todo el maderamen se disponía de dos palcos; el palco de la junta, sitio en donde se reunían los miembros organizadores, el dueño del día de toro, invitados especiales y la banda de músicos.

Contiguo al palco de la junta se contruía el de las familias acomodadas, caracterizado por la abundacia de "mujeres bonitas", salidas de las fincas y pueblos cercanos. Y el resto, llamado la "valla" era libre, para que el pueblo disfrutara de su tarde de toro. Los varones se montaban en la última "vareta", y las muchachas se acomodaban de bajo, para lo cual llevaban un taburete prestado. O las garitas o enramadas techadas con palma, bien para cantina, o para venta de refrescos y golosinas.

Por lo general las cantinas grandes alquilaban debajo de los palcos con el fin de aprovechar la sombra, escuchar la banda, y atender los pedidos de arriba, de las familias.

Esas cantinas grandes cargaban sus mujeres, blancas y caderonas, las más blancas se hacían pasar por "caleñas". ya entraditas en licor se dejaban caer un poco la manga de la blusa y mostraban parte del pecho, un pecho "llenito y blanco".

Quienes tomaban con ellas adquirían el derecho de pasarle la mano por debajo de la falda en expresión de caricia consentida. Cuando sonaba un porro bueno en la banda, lo bailaban. Los muchachos nos asomábamos a escondidas para verlas bailar, pero los meseros estaban pendientes y nos espantaban. Ahí solamente podían entrar los mayores. Era prohibido llegar donde estaban las "Putas". Ellas mismas eran celosas de los niños. Muchas veces se les oía decir: "Uno Pueda que sea una bandida, una vagabunda, una pobre puta, pero un mal ejemplo no se le da a un hijo ajeno"; y agregaban "Yo también tengo hijos". Y otras, menos tiernas nos correteaban: "fuera... fuera de pelao; el que anda con pelao amanece miao".

Eran famosas con cantinas de mujeres bonitas, Germania, Islena y María Elena.

En uno de los callejones de la plaza se construía el "Torín; torineta o toril; por lo general eran dos, uno para los toros sin "jugar", y el otro para los toros lidiados.

Los toros eran traidos, "arreados" con bueyes, y conducidos por vaqueros expertos que le cantaban vaquería. Los animales se concentraban en ese canto de¡ vaquero y seguían obedientes a los bueyes; igual para llevarlos a la corraleja, que para regresarlos a los potreros. Esos vaqueros eran escogidos por el ganadero, a fin de evitar accidentes. No había cosa mas intimidante que saber que había un toro suelto, "de los jugados en la tarde". Nadie se atrevía a salir para esos lados.

 
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